Después de la Resurrección…

No es que en los años cincuenta la Semana Santa fuera más “santa” que actualmente, pero lo cierto es que hoy, mucha gente la asume más como vacaciones que como tiempo para celebrar la Pasión de Cristo. Yo combino las vacaciones con los actos religiosos y el Domingo de Ramos, reviví mi niñez en San Vicente.

De siempre en las enseñanzas religiosas, aprendimos que el Viernes Santo después de la pasión y crucifixión, Jesús murió, lo bajaron de la cruz, lo llevaron a la tumba y al tercer día, un Domingo como hoy, resucitó.

Pues en todos estos años no había imaginado que sucedió en Jerusalén después del Domingo de Resurrección y las semanas pasadas he visto dos películas en la que de forma novelada explican por un lado, la alegría de los seguidores de Jesús y sus apóstoles cuando descubrieron que la gran piedra que tapaba la tumba había sido removida, el cadáver no estaba en la tumba, porque había sucedido el milagro de la Resurrección …

Y por otro lado también se relata, la desesperación de las autoridades religiosas, políticas y militares de Jerusalén y Roma porque cada hora se incrementaba la gente que creía y hablaba de la resurrección, mientras que a ellos, que no creían, se les escapaba se su mente y de sus manos lo sucedido y necesitaban una explicación convincente sobre qué había pasado, cómo entenderlo y explicarlo a sus superiores.

Lo normal en esos tiempos era que a los condenados se les ajusticiaba y se les tiraba en una fosa común o en el caso de Jesús, excepcionalmente, se le llevara a una tumba y ahí se quedara…

Caifás, como sumo sacerdote del Sanedrín, el Tribunal Supremo de los judíos, no creía en la resurrección y ya estaba muy preocupado por la resurrección de Lázaro realizada días antes por Jesús… Ya con ese milagro en su mente, me imagino la desesperación e incertidumbre por la resurrección de Jesús… En la película muestran como Pilatos, también muy preocupado, lo manda a llamar y le ordena insistentemente que investigue a fondo lo sucedido y le presente el cadáver de Jesús, pues él también tiene que dar explicaciones el César, que por su parte, tenía espías en Jerusalén que le informaban…

Pero también Pilatos ordenó a uno de sus tribunos de confianza, que investigara y volviera con una respuesta confiable sobre lo que había sucedido… Y así tanto los soldados de Caifás como los de Pilatos buscaban insistentemente un cadáver que tuviera los agujeros de los clavos en las manos y en los pies, pues interesaba demostrar a los apóstoles y al pueblo que no hubo tal resurrección.

Me imagino los sentimientos encontrados de los sabios, los ancianos y sacerdotes del Sanedrín cuando discutían sobre las posibilidades de la resurrección, pasaban las horas y los días, no encontraban una explicación y temían que la situación se les saliera de control.

Fueron días de gran incertidumbre social, religiosa y política, pues no se entendía, ni que había pasado, ni que pasaría en el futuro con el nuevo movimiento religioso del cristianismo que perdura desde hace dos mil años.

Actualmente, en El Salvador y especialmente en el entorno social e industrial, estamos en una condición de gran incertidumbre, similar que entonces en Jerusalén, pues nadie sabe con certeza, ni tampoco se explica por los futuros responsables del gobierno, cuáles son sus planes y cuál será el rumbo del país… Y lo que se escucha a través de internet como rumores, no es relevante, ni decisivo como para sentir un alivio y esperanzas de que la situación mejorará y El Salvador será un mejor país para vivir y trabajar. De aquella incertidumbre nació el cristianismo… ¡A ver que sucederá aquí!

Pedro Roque

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