Globos, música y pupusas.

Un día de la semana antepasada leí en EDH sobre San Esteban Catarina y el festival de los globos que se llevaría a cabo el siguiente sábado y domingo. Como no conocía esta fiesta tan cerca San Vicente, decidí dedicarle unas horas de la tarde, me gustó mucho y me recordó las Fallas de Valencia, una fiesta similar, porque en los dos casos las obras que costaron mucho tiempo y dinero, en pocos minutos las consume el fuego.

Vi unos preciosos globos de diez metros de alto y cinco de diámetro, pintados de varios colores con figuras bien delineadas, y otros más pequeños, pero también muy bien trabajados… Y los más bonitos con una serie de figuras piramidales alrededor y en cada vértice llevaba luces.

Me imagino la ilusión con que los artesanos fabrican los globos: diseñar las formas, dibujarlos, escoger los materiales, cortarlos, pegarlos, doblarlos, llevarlo hasta el lugar, esperar el turno para desplegarlo con la ayuda de colaboradores, inflarlo, sostenerlo para que tome su forma, encender el combustible cuyo humo elevará el globo y soltarlo cuidadosamente…. Y empezar a observar con los ojos bien abiertos y no sé con que ilusiones, como se eleva suavemente y empieza a desplazarse en la dirección del viento, esforzarse por seguirlo viendo mientras cada segundo se vuelve más pequeño hasta que desaparece y sin saber dónde caerá cuando se termine el combustible, o quizás al final, la misma llama con el movimiento del viento lo queme…

¿y qué siente un artesano cuando suelta con cariño su globo y observa como desaparece?…

Supongo que algo parecido cuando un “Fallero” el 19 de marzo durante la noche del fuego, “Nit del Foc” en Valencia, observa como se quema su falla y se convierte en cenizas. Las casi 600 fallas que se plantan en Valencia, son monumentos de papel y cartón con figuras burlescas y muy bien trabajadas y caras que se plantan unos días antes y todas se queman el día de San José a partir de las once de la noche y hasta la una de la madrugada, en que se quema la más grande y más importante en la Plaza del Ayuntamiento, que puede tener unos 15 metros de altura y unos 10 de diámetro.
Pues sí… Los globos y las fallas tienen en común, que muchas horas de trabajo desaparecen en pocos minutos y los Estebanos disfrutan ver como se elevan sus globos y los Valencianos como sus fallas se transforman en ceniza.

Hace treinta años las fallas de Valencia era una fiesta regional, hoy es un evento de interés turístico internacional que atrae a cientos de miles de turistas… Dios les ayude a los responsables del festival del globo, a que se convierta como las fallas en un evento que atraiga a muchos miles de personas de muchos países.

La parte musical fue excepcional, pues la directora de la escuela de música Manuel Tomas Murillo nos presentó a su orqueste juvenil de música clásica, que nos deleitaron con varias melodías y finalmente cantó en honor a las madres, la linda canción Amor Eterno. Pero lo que me asombró es que la orquesta perfectamente alineada y uniformada de gala, con niños desde los siete hasta catorce años, tienen menos de un año de haber iniciado sus clases de música y aunque las melodías fueron sencillas, es admirable el trabajo y la dedicación de los maestros, las familias y los patrocinadores, para en tan poco tiempo organizar esta orquesta como de 40 niños…

Y las pupusas, autentico manjar salvadoreño, deliciosas y muy calientes, que acompañadas con chocolate disfrutamos antes del concierto y durante la elevación de los globos, que hacían buena competencia a la luna y las estrellas. 

Enhorabuena a la buena gente de San Esteban Catarina…

Pedro Roque

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