¡Hablemos más, es bueno!…

Si cuenta el tiempo que utiliza para comunicarse “hablando” con su familia, el entorno social y profesional, es decir, expresando con su voz sus deseos, emociones y sentimientos o preguntando lo que interesa saber para mantenerlo bajo control, o conversando para intercambiar ideas, seguramente concluye que comunica más tiempo con su Smartphone, que hablando.

En la sala para una consulta médica estábamos cuatro y después de decir, buenas tardes, cada uno se concentró en su smartphone para comunicarse con otros enviando y recibiendo mensajes, revisando sus correos y navegando en la web con sus audífonos, sin el mínimo interés de hablar con otras personas. Otro día, en un restaurante, al llegar una pareja con un niño y sentarse, cada uno saco su aparato y la madre le dio al niño una tablet…

Hablar para comunicarnos por medio del lenguaje, lo utilizamos cada día menos. Estamos perdiendo la capacidad de expresarnos elaborando un diálogo con otras personas… “Afasia”, se llama la pérdida lenta de la capacidad de hablar y un síntoma es la dificultad de encontrar las palabras adecuadas para concretar una respuesta cuando nos preguntan algo o tenemos que explicar una situación…

¿Y cuáles son las consecuencias de no hablar? Una, es que las personas se vuelven introvertidas, el cerebro deja de elaborar las ideas y pensamientos expresables en sonidos mediante las cuerdas vocales y la lengua para hablar, y trabaja solo con la elaboración de emociones y sentimientos por medio de su traducción en movimientos de los dedos para escribirlos.

Es muy importante hablar y escuchar, relacionarse con otras personas intercambiando ideas y pensamientos, mirando al interlocutor y poniendo atención y empatía a lo que decimos y nos cuentan, pues nos gusta que nos escuchen.

Si no se habla con los niños, no aprenden a hablar ni a pensar… Hablando con ellos mejoramos su capacidad de aprendizaje y de entender mejor los eventos que suceden… Mi madre leía mucho y sabia expresar lo que leía.  Teníamos una enciclopedia de 20 volúmenes y ella los había leídos casi todos. Nunca fue a París, pero me explicó como es París y la primara vez que fui, sentí que estaba en una ciudad que yo ya conocía, y lo mismo, de Estambul, sobre el Palacio de Topkapy, el azul del Bósforo, el Puente de los Pescadores, la Mezquita Hagia Sophia, la Mezquita Azul y el Gran Bazar.

Hablar, contar historias, educar el oído y la mente a interpretar los pensamientos y emociones por medio del idioma, es una excelente habilidad que no debiéramos perder…  Y también es muy bueno, hablar con uno mismo pronunciando cada palabra y preguntarse por qué se tiene dudas, explicarse lo que pasó y esta pasando, hacer una autocrítica sobre los propios pensamientos, emociones y conveniencias…

Hoy, que gracias a la neurociencia, se sabe un poco más sobre el cerebro, se confirma que las personas que hablan, los que son extrovertidos y expresan sus sentimientos, emociones y vivencias, se acercan más a la felicidad, que los introvertidos que no tienen la voluntad de expresar lo que sienten…

¿Y se puede aprender a ser extrovertido? Claro que sí, pero antes hay que “liberarse” de las restricciones mentales y paradigmas que lo frenen.  

Entonces, si usted es extrovertido, no se preocupe, siga siéndolo. Y si es introvertido, empiece a liberarse de sus restricciones mentales para expresar sus emociones y ser un poco más feliz hablando y escuchando a otras personas.

El arte de hablar y explicar una situación de cinco formas diferentes con un léxico muy amplio y convincente se consigue escuchando a otros que saben más y leyendo buenos libros.

Ya lo sabe, hablar bien y escuchar, es una excelente habilidad por la que la gente nos aprecia.

Pedro Roque

Comentarios