¡Procrastinar! Mala cosa…

No sé el origen antropológico de esta forma de actuar con el manejo de las cosas en el tiempo… Muchas cosas que se pueden hacer hoy, se posponen a lo largo del día y al final se quedaron para el siguiente… Muy en contra del sabio refrán que recomienda ¡No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy!

En buena parte, quizás esté relacionado con las “indefiniciones” que muchas personas, y también en las empresas, se acostumbraron a convivir…

Si se pregunta ¿Cuándo estará lista tal cosa? Se recibe con frecuencia la respuesta: ¡Ahorita! Y si pregunta cuándo es ahorita, con gran seguridad le responden: ¡No se preocupe, más tardecito!… Esto tres veces, a lo largo de un día martes y las cosas se fueron, con suerte, para el miércoles…

Otra situación… Cuando se propone una mejora, el interlocutor responde: ¡Me parece bien pero para más adelante, hoy no es el mejor momento!… ¿Y cuándo será un mejor momento? ¡Ya se lo dije!… ¡Mas adelante!… Y más adelante puede ser, gráficamente, el infinito, detrás del horizonte..

Si cada riesgo que no se cubre es una pérdida potencial, cada oportunidad que se procrastina, es un beneficio real que se pospone o incluso se puede perder…

En términos económicos, relacionando el costo de los accidentes de los cuales se conocían los riesgos y no se cubrieron, con los beneficios que se pueden obtener aprovechando las oportunidades, es posible, que con los beneficios de las oportunidades, se puedan cubrir todos los riesgos.

Pero como nos andamos sobre el terreno movedizo de las indefiniciones y la procrastinación, muchos riesgos están sin cobertura y muchas oportunidades perdiéndose de explotar, por la bendita manía de procrastinar y volver a procrastinar.

Al final, la razón de la procrastinación, más siento que es por el mal hábito de dejar las cosas para más tarde o mañana, que por inseguridad, y también, por la falta de mentalidad de entender que las cosas en las empresas van ligadas a la cronología de otras, que deben suceder en paralelo, antes o después, es decir, sincronizadas..

¡Do it!, en ingles, ¡Hagámoslo! en español es la respuesta para salir de esta manía tan aplicada y heredada de generación en generación, que puede ser una de las causas de nuestro retraso como país.

Cualquier solución a un problema que está generando costos, se convierte en beneficio si se resuelve, y es fácil entender, que entre más posponemos las soluciones, más posponemos los beneficios.

Si resolver un problema en una máquina que cuesta $100 y con la solución ganaríamos $200, cada día que pasa, perdemos $200 por no solventar el problema que cuesta $100… Haga la cuenta y vera el costo por semana y mes de procrastinar, la reparación de una máquina que se para con frecuencia o produce piezas con mala calidad… O bien el costo-beneficio de poner orden en las conductas de personas que no hacen las cosas como debe ser…

“Ahorita”, “más adelante”, “no es el mejor momento”, son expresiones que al final determinan la forma de pensar, marcan actitudes y conductas de las personas que, sin quererlo, generan costos de no calidad…

Las normas internacionales ISO 31000, Gestión del Riesgo, pueden ser el inicio de un programa para planificar y gestionar los riesgos y las oportunidades y por supuesto, dejar de procrastinar.

Pedro Roque

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