Optar, decidir, actuar…

Los tres verbos activos solo se pueden aplicar si se vive en Libertad. Y la libertad se tiene, se siente y se ejerce, si se vive y convive en un país, donde la libertad es la base de la convivencia familiar, social, empresarial, religiosa y política.

Eso sí, la libertad es responsabilidad y se ejerce respetando las leyes y las reglas. Nunca es hacer lo que se quiera, ni tampoco es libertinaje, permitiendo el irrespeto, la mala educación, el insulto continuo, la degradación de la capacidad de expresión y del pensamiento correcto y ordenado.

Ni tampoco, es reconvertir la responsabilidad que se otorgó, partiendo de la buena fe y el juramento de cumplir las leyes, en la irresponsabilidad, de al margen de las reglas y las leyes, hacer uso, mal uso y abuso de las facultades y los recursos a la disposición. Y esto es tan válido, para la casa, la empresa, las organizaciones privadas, como para las gubernamentales y estatales.

Así, si usted libremente adquirió compromisos económicos, también libremente firmó y asumió la responsabilidad de pagarlos. Por ejemplo, si tiene que pagar, luz, agua, colegios, renta, comida y créditos, aunque el cheque de su salario tenga su nombre, no tiene la libertad de gastarlo como quiera.

Y lo mismo sucede a los empresarios con los dineros de las cuentas de la empresa y los funcionarios con los dineros del Estado que solo administran.

Hace años escuche decir al “Hermano Toby” a sus feligreses: “El diezmo no es suyo, no puede disponer de él”. Con la misma claridad se debe confrontar a quienes administran dineros ajenos, en la casa, las empresas y el Estado…

Y volviendo a “optar, decidir y actuar”, le explico, que optar es pensar y seleccionar o escoger una de diferentes alternativas del escenario futuro. “Decidir” es confirmar la opción y definir el proceso y con la fuerza de voluntad y automotivación “actuar” en la convicción de hacer lo correcto para llegar al final de la opción que tomamos.

Con los cambios sociales en las últimas cuatro décadas las opciones para los nuevas generaciones, han cambiado comparándolas con las “normales” que teníamos los que hoy pasamos de cincuenta.

Ejemplos: la opción de la soltería o el matrimonio, el matrimonio o la pareja, la casa propia o alquilada, el vehículo propio o rentado, cocinar o pedir comida a domicilio, trabajo fijo o por proyectos, vivir en la ciudad natal o en otro lugar, participar en política o desinteresarse, ir a votar o a la playa, tener hijos o adoptarlos, vivir con el padre o madre de los hijos o cada uno por su lado, y también, continuar siendo empleado o independizarse…

Cada opción requiere decisiones, trabajo y recursos, pero no estoy seguro, si a esta generación con las opciones que cada uno eligió, si les está yendo emocionalmente mejor que a la de sus padres, y tampoco, si están conscientes, que lo que no les gusta, es consecuencia de las opciones que escogieron, y no, culpa de la generación anterior.

Desde siempre, el presente es consecuencia del pasado y el futuro de nuestra opción, decisión y actuación en el presente.

Pues bien, el consejo es que se debe ordenar la mente con el siguiente orden lógico: primero optar, después decidir y en tercer lugar, gracias a la de voluntad y automotivación, actuar.

El domingo pasado escirbí sobre la pereza mental y hoy concluyo. Que entre más pereza mental se sufre, menos se piensa por si mismo y más fácil se lo ponen para que otros que “obtén” por uno y engañosamente le inducen a que decida y actúe por lo que ellos en lugar de uno, optaron.

Se debe cuidar y no permitir, que otros opten por uno. Feliz domingo.

Pedro Roque

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