Austeridad, honradez, eficacia y eficiencia.

La austeridad distingue a personas, familias, empresas y gobiernos por el uso planificado y medido de los recursos y por su conducta apegada a las leyes, la moral y las circunstancias del desastre que estamos viviendo. También significa sencillez, moderación y rigurosidad en el cumplimiento de las normas morales y la calidez y delicadeza con la que se realizan las obligaciones.

La honradez es administrar y utilizar los recursos con transparencia en lo planificado y presupuestado de acuerdo a las necesidades y circunstancias. Las personas e instituciones honradas, presentan los resultados de su administración y gestión cuando corresponde, con transparencia y claridad en los números.

La eficacia es demostrar que se consiguieron los objetivos sin retrasos y se benefició, económica y socialmente, a las personas y empresas que por su condición de ingresos perdidos por la pandemia lo requieran… En Alemania, las empresas hasta con cinco empleados recibieron nueve mil euros y quince mil, las que tiene hasta 10, que por cierto, no tienen que devolver. ¿De dónde viene ese dinero? De las ayudas del gobierno para las pequeñas empresas. Para las medianas y grandes tienen otro tipo de apoyos, especialmente, para las estratégicas, como los ferrocarriles, las líneas aéreas y la industria del automóvil, que desde hace varias semanas ya están trabajando, con los protocolos seguros para evitar el contagio. Aquí, en las empresas que conozco y por su rubro no pararon, no hay contagiados.

La eficiencia es movilizar los recursos sin desperdicios de tiempo, ni dinero y obtener el mayor aprovechamiento posible.

Las circunstancias actuales y futuras en todos los países son complicadas y las “aflicciones“ comunes: evitar el contagio y cómo resolveremos los problemas económicos, financiando a largo plazo las pérdidas de los cuatro meses pasados sin ingreso y los que siguen, que intuyo serán cuatro o cinco mas, según el rubro de cada empresa. 

Pero austeridad, honradez, eficacia y eficiencia, también deben aplicar las empresas que con la pandemia incrementaron sus ventas y utilidades. Deben cumplir los compromisos con el Estado, los empleados, los proveedores, los clientes y seguir con los protocolos de seguridad para evitar el contagio, invertir bien las ganancias, prever reservas y estar listos para la siguiente crisis. Para las que cerraron, el 2020 ya es un año perdido.  

Lo de las “vacas flacas y vacas gordas”, es la más antigua explicación de la economía y sus altibajos y a todas las empresas nos ha sucedido y está sucediendo… En mi experiencia como consultor, en los momentos distendidos cuando converso con mis clientes y amigos que dirigen sus empresas desde hace muchos años, intercambiamos relatos sobre los momentos duros por los que pasaron y cómo con dedicación, creatividad, amor a la empresa y el esfuerzo de los buenos empleados, fue posible salir del bache temporal. 

En estos días, nuevamente se nos presenta a miles de empresarios la necesidad de pensar qué y cómo hacer para resurgir, no tirar la toalla y animar a los que están pensando tirarla o la tiraron, que no la tiren o la recojan, pues hoy es cuando más tenemos que esforzarnos por mantener y crear empleo.   

Y finalizando, señores que dirigen en los Tres Poderes de nuestro Estado, que no es de Ustedes: 1º. Lo que están haciendo no es gratis, todos cobran puntualmente sus sueldos y sobresueldos. 2º. Háganlo sin amenazas, con sensibilidad, humanidad y calidez, pues todos, necesitamos esperanzas, apoyarnos y motivarnos para resurgir. 3º. Acuerden, decidan, creen certidumbre laboral, económica y jurídica para todos y 4o. Cuiden que El Salvador no entre en el Ginness como el país donde el Covid-19 se resolvió solo, por falta de planes y acuerdos, se gastó y mal gastó más por contagiado, creó más pobreza y más días duró este encierro que ya no aguantamos. 

Pedro Roque

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