El botón de la pausa…

Lo aprendí hace poco, me gustó y lo empecé a utilizar inmediatamente… Conozco y he aplicado otras alternativas similares, como somatizar actitudes para afrontar los acontecimientos del día con “tranquilidad”, “salud”, “éxito” y “agradecimiento”. También, ejercicios de Hatha Yoga, para estiramiento muscular y respiración inspiradora. Pero el “botón de la pausa” es mas práctico y se puede apretar varias veces al día.

Lo aprendí del Bicyclown, Alvaro Neil, un abogado español que su mayor honra es ser payaso y su gran aventura persiguiendo su sueño de curar su enfermedad que llamó “mapamunditis”,  después de no superar los exámenes para notario y trabajar como oficial en una notaria, decidió hacerle caso a su intuición, y desoyendo a su conciencia, persiguió su sueño de viajar por todo el mundo en el vehículo más humano, porque lo impulsa un humano:  la bicicleta… Y de ahí el “Biciclown”…

Con 85 kilos de utensilios para vivir y una tienda de campaña, dio la vuelta al mundo por Europa, África, la India, nueva Zelanda, Australia y las tres Américas… Durante trece años presento su espectáculo de payaso en los lugares más humildes y nunca a cambio de dinero, sino de las risas de los niños, los reos en las cárceles o enfermos en los hospitales… Después, escribió libros, filmo documentales e imparte conferencias sobre lo que aprendió en ciento dieciséis países.

Y de toda su aventura, yo aprendí lo del “botón de la pausa”: Así como todos, igual que los yogures tenemos fecha de caducidad, también tenemos el «botón de la pausa» que solo pocos, hoy me incluyo, lo utilizamos… 

Consiste en eso: “hacer una pausa” de cinco minutos para que el espíritu alcance al cuerpo, porque en nuestro diario vivir, exigente, ajetreado y estresado vamos demasiado rápido y el espíritu se queda atrás…

Lo puede hacer cuando lo necesita y solo hay que parar, apartar el teléfono, cerrar los ojos, respirar profundamente y durante la pausa y con el botón imaginario apretado, “sentir y agradecer” que estamos vivos, existimos y debemos disfrutar lo que tenemos… ¡Es fácil, solo hay que querer hacerlo!

Si para a poner gasolina, después, apriete el botón de la pausa, cierre los ojos y respire profundamente, cinco minutos… Funciona mejor que tomarse de prisa un café para poder seguir. También, si está más de dos horas trabajando en su computadora. O durante el tiempo de comer en una fábrica… ¡Apriete el botón de la pausa y deje que su espíritu alcance a su cuerpo!…

Si lo hace dos veces por la mañana y dos por la tarde durante cinco minutos, le concedió a su cerebro veinte minutos de pausa, en los que baja la tensión, descansa y se oxigena.

¡Es que no tengo ni esos cinco minutos! Me dijo alguien que asume que siempre está muy ocupado… Después de ver como se hace y hacerlo, se dio cuenta que sí lo puede hacer…. Pues como en todo: ¡Si se quiere, se puede!…

Otra enseñanza, es que en todo el mundo la gente queremos las mismas cosas: amor, comprensión, hermandad, humanidad, ser parte de algo y que tenemos los mismos miedos: a las dictaduras, a lo desconocido, los sismos, las enfermedades y la muerte.

Enseña que todos tenemos una misión en nuestra vida que debemos descubrirla y convertirla en nuestro sueño o bien convertir nuestro sueño en nuestra misión, y concluye asegurando, que si uno de verdad, cree en si mismo y en que conseguirá su sueño, nada ni nadie podrá detenerlo. El de él era viajar por todo el mundo ¿Sabe cuál es el suyo?

¡Tiene razón! Hay que perseverar trabajando serio y duro para alcanzar nuestros sueños, y a partir de hoy, apretar varias veces al día el botón imaginario de la pausa. Hágalo, apriételo ahora mismo.

Pedro Roque

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