Hastiados de tantas mentiras…

Me gustaría más escuchar de los candidatos sobre conductas coherentes, que promesas de lo que van a hacer y a darnos si los elegimos, porque prometer mintiendo no cuesta nada. Las promesas sobre la base de mentiras, en primer lugar, siempre son exageradas y en segundo, siempre encuentran excusas para no cumplirlas.

Hace años circuló en España una caricatura que mostraba a un político y su asesor, frente a una multitud de seguidores en una gran plaza. El político ya frente al micrófono se apartaba y le daba la nota del discurso al asesor diciéndole… ¡Toma, díselos tu porque estas promesas me dan mucha risa!

Y eso sucede en todas las elecciones… Es como en los descuentos… Se sube el precio 60% y se ofrece un descuento del 30%… Lo vemos en todas las farmacias… Las dependientas dicen, el medicamento vale tanto, pero con el descuento del 20% le queda en tanto y si tiene tarjeta de puntos el descuento es el 25% … No se entiende como la Defensoría del Consumidor no regula esta práctica. Ojalá, algún día se opte por el precio fijo que incluya un margen de ganancia razonable y dejar de ofrecer descuentos engañosos. Pero parece, que a mucha gente le gusta oír las mentiras, que sabe que son mentiras y como todos los políticos mienten, escuchando las de unos y las de otros, e incluso diciendo mentiras, como todos mienten, al final, en este mundo confuso de mentiras, nadie se siente engañado.

En la sicología la adicción a mentir se conoce como “Mitomanía”. La manía de decir pequeñas y grandes mentiras, que según los estudiosos de la conducta, se debe en gran parte a la baja autoestima, y por otra, a los miedos reales y falsos para no confrontar la realidad de las situaciones. En este caso la mentira se dice como alternativa de supervivencia y quedar bien con el entorno y el mitómano, masculino o femenino, cree que su mentira nunca se descubrirá. Pero, así como no hay crimen perfecto, sucede con las mentiras, siempre se saben. La diferencia es que las mentiras y sus consecuencias, se investigan, juzgan y condenan menos que los crímenes.

Según las noticias, una de las acusaciones por las que el Senado juzgará al expresidente de EEUU, es haber incitado a sus seguidores con mentiras para que asaltaran el Capitolio.

Pero volviendo a los candidatos para diputados y alcaldes, sería mejor para convencernos que los elijamos, que comprometieran conductas coherentes que solo dependen de su educación y honor como personas, funcionarios y políticos honrados. Por ejemplo: Siempre votaré por mi propia conciencia. Nunca venderé mi voto. Nunca traicionaré a mis electores. Defenderé la Constitución. Defenderé la Democracia. No abusaré de mi cargo. No apoyaré el nepotismo. No permitiré la malversación de los dineros del pueblo. No me cambiaré de partido. Ayudaré a depurar la Asamblea y convertirla en honorable. No contrataré parientes. Asistiré a los debates y participaré haciendo propuestas. En votaciones comprometidas no mandaré a mi suplente. Estudiaré personalmente los temas y cuando no sepa acudiré al asesoramiento de expertos. Combatiré las conductas de otros funcionarios en contra de las leyes. No aceptare propuestas de enriquecimiento ilícito. Si tengo un accidente de tránsito ayudaré a los heridos y no huiré. Si cometo alguna falta me someteré al juicio correspondiente. No abusaré del fuero legislativo. Respetaré mi vida privada y mi vida pública. No me aferraré al cargo para toda la vida. Haré ruedas de prensa para que mis electores evalúen mi desempeño.

Son promesas sencillas que si llegan a los cargos para servir y no para servirse, y aprenden a vivir con el sueldo y las prestaciones que tienen como funcionarios, cumplirán su cometido y serán mejores diputados y mejores alcaldes.

Pedro Roque

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