La pereza mental…

La pereza es un estado en que la decisión consciente o inconsciente es no hacer lo que se debiera hacer, aun estando claro que se tiene capacidad para hacerlo y siendo bueno realizarlo, se pospone. En la medida de lo que se puede conseguir, la pereza, es un freno al desarrollo personal y profesional, que valorado en beneficios posibles se convierte en desperdicio.

Y es tan común en la humanidad que, en el mundo cristiano, es uno de los siete pecados capitales.

¿Se acuerda cuáles son?…  Se los digo al final…

Si ya de por sí la pereza es un freno que induce al conformismo y quedarse cómo y dónde se está, flotando en la inacción y la improductividad, la “pereza mental” es mucho más grave, porque reduce la capacidad de observar, pensar, analizar, y concluir, y consecuentemente la fuerza de voluntad pensante se reduce a lo instintivo para sobrevivir.

Cuando observo en cualquier entorno que siete de cada diez personas están absortos con la cabeza inclinada viendo su smartphone, es casi seguro que no están pensando, sino dejando entrar en su mente a través de los ojos y oídos, muchos mensajes que otros pensaron, diseñaron y según lo que con ellos se quiere conseguir, le sugieren insistentemente decidir sobre algo que le presentan como lo mejor. En lo comercial, el objetivo es que compre lo que le quieren vender y en lo político convencerle para que les elija a ellos.

Los sistemas, los programas, las herramientas informáticas e internet son maravillosas porque nos facilitan el trabajo, por ejemplo, la computadora en la que estoy escribiendo este artículo y su paquete de programas, me permiten hacer una infinidad de cosas. Pero así como sirven para trabajar y aprender, también son el canal para mandarle información y desinformación que le induce a la pereza mental, que se esta convirtiendo en una nueva enfermedad mental.   

Si, cuando en lugar de responder los mensajes redactando las respuestas gramaticalmente aceptables y expresando lo que siente con su léxico, responde con emojis, imagino que entre más se haga, poco a poco y sin darse cuenta crece la pereza mental.

Un reto para medir la capacidad de pensar y expresar las cosas con el léxico propio podría ser, redactar un texto de ochenta palabras sobre el asunto que se quiera en cinco minutos. Si se hace y se siente la necesidad de hacerlo mejor es un buen indicio sobre la capacidad de pensar y expresarse.
Pero además de la pereza física y la mental, también existe la pereza existencial, ligada a la depresión y la pereza espiritual, que se manifiesta en la falta de interés por los temas trascendentales para la vida y el bienestar.  Y tal como lo entiendo, las perezas, física, mental, existencial y espiritual alejan de la felicidad porque reducen la capacidad de pensar y decidir por sí mismo y la mente se vuelve fácilmente influenciable, e incluso, manipulable.

Y volviendo a la pereza mental sugiero reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿En qué medida le está contaminando? ¿En qué está afectando a la salud? ¿Qué se está posponiendo por pereza física y mental? ¿En qué y en cuánto se beneficiaría y sería útil a otros, si se hace lo que se viene posponiendo?
La recomendación es proponerse el buen uso de las tecnologías de la comunicación y la información y que ayuden a pensar más y no caer en la pereza mental.

Bien y como prometido, las que entiendo como las grandes debilidades son: la soberbia, la avaricia, la lujuria, la Ira, la gula, la envidia y la pereza…  
Si quiere, ahora piense en cuáles son las conductas, que practicándolas reducimos los efectos de las siete debilidades y nos volverían más humanos.

Pedro Roque

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