Mejor recortar y priorizar gastos…

En cualquier empresa privada los presupuestos, están pensados, planificados y preparados para cubrir todos los egresos en materias primas, salarios, prestaciones, seguros, los insumos adicionales y gastos generales, y además, el presupuesto debe prever superávit para financiar el crecimiento. Si se prevé endeudamiento para ampliación en la gama de productos o la cuota de mercado, hay que plasmar los ingresos para cumplir los compromisos financieros.

Si esto no se le demuestra a los bancos con flujos de ingresos y egresos creíbles, para el futuro a corto, medio y largo plazo, no otorgan los créditos, aunque se disponga de suficientes garantías hipotecarias.  

Así es, a nadie le prestan dinero con presupuestos desfinanciadas y lo mismo sucede con los créditos personales, si no demuestra su salario en la nómina de su empresa o ingresos fijos por otras fuentes, y además, que le sobre el 40% de sus gastos regulares, tampoco conceden un préstamo.

Sin ser economista, ni especialista en los números macroeconómicos del país, pero con sentido común, me pregunto, por qué los bancos internacionales y compradores de títulos del estado, le siguen prestando a un país que viene con presupuestos desfinanciados desde hace varios gobiernos.

Imagino que la respuesta está en los “altos intereses”, pues los gobiernos se las arreglan para pagarlos, castigándonos a los que pagamos impuestos con esos altos costos financieros. Y a los que no los pagan porque no trabajan o tienen negocios no declarados, también los castigan con no invertir en educación, salud y carreteras que sus familias necesitan. Y así, tal como alguien está esclavizado por muchos meses de los bancos con los pagos mínimos de sus tarjetas de crédito, estamos los salvadoreños pagando altos intereses a los acreedores del estado.

Fíjense estimados lectores, según las noticias del pasado jueves, el presupuesto para 2021 que presentó el ministro de hacienda por $7,453 millones,  ya viene con un déficit de $1,342, es decir, que como para el 18% no se tienen fuentes de ingresos seguras, incrementarán más el endeudamiento, que por los índices crediticios de El Salvador, nuevamente, será una deuda muy cara que tendremos que pagar esta y la siguiente generación.

Mejor sería ahorrar la mitad del endeudamiento y bajar los impuestos para dinamizar la economía, se creen muchos puestos de trabajo y conseguir subir los ingresos en impuestos, por la otra mitad.

Esto es lo que se haría en las empresas del sector privado, donde sí se cuida el dinero y se trabaja para reducir el endeudamiento. En esta y otras crisis que vendrán, lo recomendable es recortar, racionalizar los gastos, eliminar los innecesarios y priorizar la educación y la salud, y como en otros países, facilitar y promover la creación de muchas empresas.  

La clave es la aplicación de la ingeniería de la austeridad, la eficacia y la eficiencia, para reducir los costos, mejorar la calidad y la productividad. Así es que nuestro país puede crecer con menos o sin endeudamiento.

Crear más plazas y aumentar salarios no es razonable cuando en los sectores afectados por la crisis se sigue reduciendo empleos y restringiendo los incrementos de salarios, porque está claro que la recuperación será lenta y tardará varios años. La gente siento que lo está entendiendo y apretándose el cinturón.

Y en relación con el manejo fiscal, a falta de creatividad y experiencia, en internet encuentran lo que están haciendo otros países para recuperar y mantener la economía a flote y propiciar que las empresas afectadas por la pandemia se recuperen y creen empleos productivos, que sí pagan impuestos.

Austeridad, eficacia, eficiencia, reducción de costos, gastos innecesarios y transparencia, en lugar de más endeudamiento, son las claves para generar superávit y construir un mejor país. 

Que pasen un buen domingo hoy primero de octubre que empieza el otoño. 

Pedro Roque

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